domingo, 10 de junio de 2018

Haciendo La Diferencia En Nuestro Matrimonio

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Muchos matrimonios llegan a una etapa en la que se sienten estancados y atrapados por la rutina. Verdaderamente, los afanes, las responsabilidades y ocupaciones de la vida diaria nos pueden arrastrar a ese estancamiento en nuestra relación matrimonial. Este estancamiento es uno de los factores que, en ocasiones lleva a las parejas a considerar el divorcio


Es un hecho que la cantidad de personas que se divorcian está en un nivel muy alto. Demasiadas personas han tenido que pasar por el dolor de un divorcio. Y muchos confiesan que fue uno de los procesos más difíciles que han tenido que atravesar en sus vidas. Es tanto así, que muchas personas (luego del divorcio) desarrollan una apatía por el matrimonio.

Sin embargo, el matrimonio fue establecido por Dios para proveer al hombre la oportunidad de relacionarse y multiplicar Su amor (Génesis 1:27-28). El matrimonio es una gran aventura en la cual vas conociendo a tu cónyuge más profundamente con el paso de los años. El Señor, a través del matrimonio, te da la bendición y la oportunidad de compartir la vida con tu cónyuge en una relación saludable, en la cual tanto el esposo como la esposa están comprometidos en satisfacer las necesidades el uno al otro (1 Corintios 13:5).

Lamentablemente, el matrimonio es visto en general por nuestra sociedad, como un "mal" necesario en vez de algo enriquecedor. Todos hemos escuchado de padres que han dicho a sus hijas: "si no te va bien el matrimonio, no te preocupes, siempre las puertas de nuestra casa estarán abiertas para ti" o "estudia, por si acaso tienes que divorciarte". No hay nada de malo en apoyar a una hija que está pasando por un momento difícil, pero no debemos hablar de manera que anticipe el fracaso matrimonial. De igual manera, no está mal decirle a tu hija que estudie, pero la razón de estudiar no debe ser anticipando un divorcio, sino para mejoramiento profesional.

En general, nuestra forma de vivir determina grandemente lo que conocemos sobre relaciones. Personas que trabajan largas horas en alguna empresa, tendrán dificultad para mantener influencia sobre su cónyuge y sobre sus hijos debido al poco tiempo que pasan con ellos. Cada vez son más las mujeres que pierden las esperanzas, que optan por el divorcio o la infidelidad, a causa de la ausencia constante del esposo. Podemos observar que un hombre que pasa largas horas en su lugar de empleo tendrá más influencia sobre personas en su trabajo. Es por esto que ocurren tantos casos de infidelidad en los trabajos.

Adicional a esto, la falta de conocimiento sobre las diferencias básicas entre el hombre y la mujer puede provocar problemas en el matrimonio. La mujer necesita sentirse amada y valorada; el hombre necesita sentirse respetado y admirado (Efesios 5:33). Cuando una pareja matrimonial desconoce esa dinámica, incurren en conductas en las que la mujer no se siente amada y el hombre siente que su esposa no lo respeta. Pero, cuando logras comprender que las diferencias entre el hombre y la mujer fueron diseñadas por Dios a propósito y con propósito, verás que tu cónyuge y tú pueden complementarse y disfrutar de una relación armoniosa.

Todos hemos escuchado el dicho: “Si quieres ver resultados distintos, debes hacer cosas distintas.” Pero, aparte de parecernos interesante o estar de acuerdo con el mismo, ¿nos motivamos a hacer algo distinto? ¿Nos damos cuenta de que podemos aplicar esta verdad a nuestras relaciones?

Si realmente queremos hacer una diferencia en nuestro matrimonio, es necesario salir de la rutina y dejar de hacer todo exactamente de la misma forma. Así que, ¿por qué no comenzamos a disfrutar de esta gran aventura llamada matrimonio?

Decídete a hacer algo distinto junto a tu esposa(o), aunque sea una vez al mes. Por ejemplo, llévale el desayuno a la cama un sábado en la mañana, invítala a salir solos a dar una caminata por la playa, lean juntos un libro para crecer como matrimonio, vayan a pescar al lago… Son muchas las cosas que se pueden hacer evitar el estancamiento en el matrimonio.

Recuerda, no tienes que hacer una gran hazaña o gastar una gran cantidad de dinero. Los detalles sencillos pueden rendir grandes resultados cuando se trata de relaciones. Así que, anímate a hacer la diferencia en tu matrimonio y vive la gran aventura que Dios preparó para ti.

Recuerda, el divorcio se puede prevenir cuando somos intencionales, es decir, cuando tomamos las decisiones y acciones necesarias para fomentar el bienestar del matrimonio. Esa es la diferencia que estamos llamados a hacer en medio de nuestra sociedad plagada por la crisis familiar (Romanos 12:2).

 Fuente: sitiodeesperanza.com

El Equipo Del Matrimonio Funciona Mejor


Un equipo tiene que conocerse muy bien para poder ser más eficientes.


Equipo, habla de: Unidad, Complemento, Fidelidad, Compromiso, Propósito y Apoyo mutuo.

Un equipo debe trabajar en unidad. Es imposible obtener buenos resultados cuando hay división o no hay una disposición de trabajar en equipo. El equipo del matrimonio debe tener esta conciencia de unidad en su relación y evitar toda actitud de división. Unidad no significa estar de acuerdo en todo, pero si estar dispuestos a escuchar, reconocer y ceder cuando se vean mejores opciones para toma de decisiones.

Somos complementarios. Los hombres y las mujeres son muy diferentes en muchas formas; y todas estas diferencias nos hacen complementarios, no incompatibles. En un equipo se conjugan las diferencias para cubrir todas las áreas. En el equipo del matrimonio, igualmente las diferencias se complementan para tener un hogar balanceado y estable. Las fortalezas del uno son generalmente debilidades en el otro y viceversa.

En un equipo los miembros deben ser fieles en cumplir su responsabilidad cada uno de acuerdo a las instrucciones del Director. Hay reglas e instrucciones que nos ha dejado nuestro Padre Celestial como diseñador del Matrimonio y tenemos que esforzarnos por cumplirlas y permanecer fieles a esas instrucciones para bien del equipo. Cada miembro debe cumplir sus responsabilidades fiel e incondicionalmente.

Al aceptar a nuestro cónyuge aceptamos el compromiso de trabajar por el bienestar y la felicidad de él (ella). Es un compromiso que adquirimos como hijos de Dios y que lo cumplimos para honrarlo a ÉL. Si se cometen errores, se debe asumir la responsabilidad y hacer los cambios necesarios para mejorar.

Todo equipo tiene un propósito; y el propósito del Matrimonio es formar una familia y disfrutar de todas las cosas buenas de la vida a la manera de Dios. El propósito del matrimonio es que logren la meta del equipo, no las metas individuales. Que logren ser campeones como matrimonio y como familia.

En un equipo los componentes del mismo se deben apoyar mutuamente. Si alguno falla, los demás lo cubren y lo ayudan. Igualmente en el Matrimonio, ambos cónyuges deben tener una actitud de apoyo incondicional para mantener la estabilidad emocional y esa libertad que los ayudará a alcanzar grandes cosas.

Un equipo que hace bien las cosas es prosperado. Un matrimonio que funciona como un equipo, es un matrimonio que será prosperado en todo.

Si su matrimonio no ha funcionado como un equipo, tome la decisión junto con su cónyuge de poner la conciencia de equipo en su relación y de trabajar en los aspectos que sea necesario para lograr convertirse en un equipo ganador.

Amados, les deseamos que sean prosperados en todo y que tengan salud, así como prospera su alma. 3Juan:2

Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!


Luis Y Hannia Fernandez.

jueves, 7 de junio de 2018

En Busca de la Pareja Adecuada – Reflexión

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¿Qué cualidades considera usted más importantes en el hombre de sus sueños? ¿Qué clase de persona cree usted que sería un buen amante? Algunos de nosotros nos ponemos francamente exigentes cuando se trata de la persona que habrá de hacernos supues­tamente felices.

 

¿Qué cualidades considera usted más importantes en el hombre de sus sueños? ¿Qué clase de persona cree usted que sería un buen amante?

Un estudio llevado a cabo por la revista Family Journal reveló que para muchas mujeres modernas la sen­sibilidad encabeza la lista de cualidades. El hombre "macho" es considerado en realidad por la mayoría de las mujeres que respondieron a una encuesta, como un riesgo que no vale la pena correrse.

Algunos de nosotros nos ponemos francamente exigentes cuando se trata de la persona que habrá de hacernos supues­tamente felices. En una conferencia para personas solteras ce­lebrada en Portland, Oregón, una mujer aparentemente pró­xima a los treinta años se me acercó y me dijo: —Señor McDowell, déjeme enseñarle cual es el de tipo de hombre con el que me quiero casar.

Luego, con un ademán desdobló una lista de 49 caracterís­ticas que buscaba en un hombre.

—Señorita —ledije examinando su lista—, usted no quiere un marido, sino a Jesús.

Sin embargo, no son sólo las mujeres quienes hacen listas de lo que están buscando. En la universidad de Washington se me acercó un estudiante de segundo año, quien abriendo de repente su diario, me dijo: —Permítame mostrarle el tipo de mujer con que deseo casarme.

De las catorce cualidades que había en su lista sólo recuerdo las de fidelidad y confiabilidad.

Esta vez hice un planteamiento distinto:

—Déjame formularte una pregunta —dije—: ¿Cuál es tu puntuación en esas catorce características?
— ¿Qué quiere decir? —inquirió.
—Quiero decir si las cualidades que buscas en una esposa pueden encontrarse en tu propia vida.
Vi que lo había hecho pensar.
—Mira —continué—, en el matrimonio lo más importante no es encontrar la persona adecuada, sino ser la persona ade­cuada. Si quieres casarte con una reina tienes que ser un rey; y si deseas una buena amante, eso es lo que has de ser tú mismo.

Descubrir el secreto de amar es bastante parecido a estar buscando tus propios lentes y darte cuenta de que los tienes puestos; o tratar de encontrar tu llavero y ver que lo tienes en la mano. La mayoría de nosotros buscamos y buscamos a la persona adecuada, mientras que la clave está en ser la persona adecuada. Hay muchos por ahí fuera buscando, cuando lo que deberían estar haciendo es esforzarse para llegar a ser la clase adecuada de persona.

Pero ¿cómo podemos llegar a ser la persona adecuada? Pri­meramente resulta importante que reconozcamos que nuestra vida de amor siempre será un reflejo de las cualidades de nues­tro carácter.

Usted se convierte en la medida

Cuando alguien comenta: "Por aquí no hay buenos hombres o mujeres", yo siempre respondo: "Tal vez el problema tenga que ver con usted, y no con una escasez de hombres o mujeres adecuados." Admito que ésta puede ser una medicina más bien fuerte para algunos; pero el hecho es que los buenos hombres y las buenas mujeres orientan sus pasos hacia otros buenos hombres y mujeres.

Reforzando esta afirmación, dos sociólogos —los doctores Evelyn Duvall y Reuben Hill— escriben:

¿Qué lleva usted consigo al matrimonio? ¿Un vestuario nuevo? ¿Unos ahorros en el banco? ¿Algunos muebles que ha here­dado? ¿Uno o dos parientes a su cargo? ¿Un buen trabajo y perspectivas de ascenso? Sean cuales sean sus bienes o sus obligaciones, hay algo aún más importante que todo eso: usted mismo como persona, su forma de actuar con la gente y sus actitudes.

 


El tipo de matrimonio que uno consigue, depende de la clase de persona que es. Si se trata de un individuo feliz y bien ajus­tado, hay muchas probabilidades de que su matrimonio sea también feliz. Si hasta ahora usted ha llevado a cabo sus ajus­tes con más satisfacción que congoja, es muy posible que realice satisfactoriamente también sus ajustes matrimoniales y fa­miliares. Si usted está descontento y amargado con la suerte que le ha tocado en la vida, necesitará cambiar, al objeto de poder vivir feliz de allí en adelante.

Duvall y Hill terminan diciendo que se ha culpado de gran parte de la infelicidad en los matrimonios al hecho de haber escogido la pareja equivocada, a los problemas económicos, al mal ajuste sexual o a la religión; pero que en realidad dicha infelicidad proviene de lo que uno ha llevado consigo al matri­monio. Estos sociólogos subrayan la necesidad que hay de llegar al matrimonio "preparados para significarle mucho a la persona elegida.

El éxito de su relación matrimonial —siguen di­ciendo— depende de si usted aporta a la unión el hábito de la felicidad y la capacidad de amar y ser amado. Estos atributos de una personalidad emocionalmente madura es la mejor dote que se puede llevar al matrimonio".

Esto mismo se recalca en el libro Your Life Together (Su vida juntos), de Elof Nelson. Allí se dice: "El éxito en el matrimonio supone mucho más que encontrar la persona adecuada. Es de una importancia aún mayor que uno mismo sea la persona de­bida. He descubierto que los jóvenes a quienes aconsejo, están buscando la pareja perfecta sin preocuparse demasiado acerca de la persona que se va a llevar su cónyuge."

Si usted quiere casarse con alguien fuera de serie, usted mismo ha de ser uno fuera de serie; y el proceso para discernir las áreas personales que necesita mejorar es sencillo: haga una lista de las cualidades que busca en su cónyuge, y luego mídase por cada una de ellas.

El matrimonio no puede ser más que un compromiso de dar y recibir; usted debe estar dispuesto a dar aquello mismo que desea que le den. Como bien lo dijo un terapeuta:"Hay dos cosas que pueden hacer infeliz un matrimonio: ¡el hombre y la mujer!"

El merecimiento de lo que uno recibe

Recibimos lo que nos merecemos. Aunque un poco exage­rada con objeto de subrayarla, la descripción4 que hace el autor Bob Phillips del contraste entre lo que buscamos y lo que ha­llamos no es tan desatinada.

La esposa ideal lo que todo hombre espera

• Siempre guapa y alegre. Podría haberse casado con un astro de la pantalla, pero sólo le quería a usted. Sus cabellos jamás necesitan rulos ni salones de belleza.
• Una belleza que no se deshace cuando llueve. Jamás se pone enferma —únicamente es alérgica a las joyas y a los abrigos de pieles.
• Experta en cocinar, en limpiar la casa, en reparar el auto­móvil o el televisor, en pintar paredes y en estar callada.
• Sus pasatiempos favoritos son: cortar el césped y quitar la nieve de la entrada.
• Aborrece las tarjetas de crédito.
• Su expresión favorita es: "¿Qué puedo hacer por ti, querido?"
• Piensa que usted tiene el cerebro de Einstein y el aspecto de Míster Universo.
• Le gustaría que saliera usted con los amigos para así poder dedicarse un poco a la costura.
• Lo quiere a usted por lo 'sexy' que es.
Lo que recibe
• Habla 140 palabras por minuto con ráfagas de hasta 180.
• En cierta ocasión sirvió de modelo para un tótem.
• Comedora ligera —¡no hay más rápida que ella!
• Donde hay humo allí está e l l a . . . ¡cocinando!
• Le hace saber que usted sólo tiene dos faltas: todo cuanto dice y todo cuanto hace.
• Haga lo que les haga, sus cabellos parecen una explosión en una fábrica de virutas de acero.
• Si se pierde usted, abra la billetera que ella lo encontrará enseguida.

EL MARIDO IDEAL
Lo que toda mujer espera

- Un brillante conversador.
-Un hombre de gran sensibilidad: amable, comprensivo . . . verdaderamente amoroso.
-Alguien muy trabajador.
- Un hombre que ayuda en casa fregando los platos, lim­piando los pisos y cuidando del jardín.
- Ayuda a su esposa con la educación de los hijos.
- Alguien con fortaleza emocional y física.
- Inteligente como Einstein pero guapo como Julio Iglesias.

Lo que recibe

- Siempre la lleva a los mejores restaurantes (algún día quizá incluso la haga entrar).
- No tiene úlceras —las produce.
- Siempre que tiene una idea la dice en cuatro palabras.
- Se lo considera un trabajador prodigioso —supone un pro­digio que trabaje.
- Mantiene a su esposa como ella estaba acostumbrada —la deja que conserve su empleo.
- Es tan aburrido que incluso la aburre hasta más no poder cuando le hace un cumplido.
- Tiene momentos ocasionales de silencio que hacen brillante su conversación.

Como es natural usted ha captado la idea. La regla de oro para conseguir un matrimonio feliz podría formularse como si­gue: "Desarrolla previamente tú mismo(a) las cualidades que deseas que tenga tu cónyuge."

El formar una relación matrimonial solícita, amante y sa­tisfactoria lleva tiempo y esfuerzo —de hecho el proceso durará toda la vida. Simplemente se requiere un verdadero empeño para transformar los patrones de conducta egoísta adquiridos durante el noviazgo, en la clase de amor desinteresado que sus­tenta un buen matrimonio.

Tenga presente dos preguntas: (1) ¿Qué tipo de persona debo ser yo?; y (2) ¿Qué cualidades necesito incorporar a mi vida para trabajar por un amor, un matrimonio y una relación sexual satisfactorios? Cier­tamente el punto de partida es tener un buen concepto de sí mismo; veamos lo saludable que es el suyo.

Tomado del Libro: El Secreto de Amar
Autor: Josh McDowell
Editorial: Grupo Nelson

Cuánto Daño Hace No Perdonar – Reflexión


El tema del día era el resentimiento y el maestro nos había pedido que lleváramos papas y una bolsa de plástico. Ya en clase, elegimos una papa por cada persona que guardábamos resentimiento, escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas.
El ejercicio consistía en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa con papas. Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo, y el fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y cómo, mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado, desatendía cosas que eran más importantes para mí.
Este ejercicio fue una gran lección sobre el precio que pagaba a diario por mantener el resentimiento por algo que ya había pasado y no podía cambiarse. Me di cuenta que cuando le daba mucha importancia a las promesas no cumplidas me llenaba de resentimiento, aumentaba mi stress, no dormía bien y mi atención se dispersaba. Perdonar y dejarlas ir me llenó de paz y calma.
La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.
El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo. El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó. No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes. No significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.
Si guardamos odio, rencor, o resentimiento por ofensas que hemos recibido, estamos perpetuando nuestro malestar y consumiéndonos, dejando de disfrutar el momento. Cada vez que recordamos cualquier episodio que nos causa dolor, dejamos de vivir el aquí y el ahora; dejamos de avanzar en nuestro desarrollo personal y peor aún, nos estancamos en nuestro crecimiento espiritual.
La falta de perdón puede disfrazarse con diferentes máscaras. Las personas a veces dicen con un tono de enojo que ya han perdonado ofensas pasadas, pero su amargura evidente las delata. La falta de perdón se puede alojar en tu corazón, y estar allí, escondida. Las siguientes preguntas te ayudarán a examinar tu corazón para ver si necesitas perdonar a alguien:
¿Esperas secretamente que alguien reciba lo que se merece?

¿Todavía sigues hablando negativamente de esa persona a los demás?
¿Te complaces con fantasías de venganza, incluso leves?
¿Gastas tiempo pensando en lo que alguien te hizo?
¿Cómo te sientes cuando le sucede algo bueno a esa persona?
¿Has dejado de culpar a esa persona por la forma como afectó tu vida?
¿Te resulta difícil ser abierto y confiado con las personas?
¿Te enojas, te deprimes o te vuelves hostil con frecuencia?
¿Encuentras difícil o imposible pedir bendición a Dios para quién te ha
ofendido?

Siendo sinceros de corazón, podemos ejercitarnos en algunos pasos para lograr liberarnos de la carga que significa el rencor y liberar a la otra persona también.
Considera las circunstancias que pudo haber vivido la persona que te ofendió, para llegar a ser como es, o qué situación estaría viviendo para haber hecho lo que hizo, aun intencionalmente.

Considera qué parte jugaste, o qué pudiste haber hecho para propiciar el incidente.
Deja atrás el papel de víctima y continua con tu vida.
Recuerda las cosas positivas y buenas que te unieron a esa persona, los ratos buenos y bellos que pasaste con ella, los momentos de amor, apoyo, consejo y comprensión mutuos.
Pide al Señor que bendiga a esa persona, y que le muestre lo que hizo mal y se arrepienta.
Libera a la persona con tu perdón. Así vas a liberarte a ti mismo por vivir en el presente, en el aquí y el ahora.

“Si alguno ha causado tristeza, no me la ha causado sólo a mí; hasta cierto punto -y lo digo para no exagerar- se la ha causado a todos ustedes. Para él es suficiente el castigo que le impuso la mayoría. Más bien debieran perdonarlo y consolarlo para que no sea consumido por la excesiva tristeza. Por eso les ruego que reafirmen su amor hacia él. Con este propósito les escribí: para ver si pasan la prueba de la completa obediencia. A quien ustedes perdonen, yo también lo perdono. De hecho, si había algo que perdonar, lo he perdonado por consideración a ustedes en presencia de Cristo, para que Satanás no se aproveche de nosotros, pues no ignoramos sus artimañas” 2 Corintios 2: 5-11.
Fuente: Red-cristiana-blogspot.com

Confianza En Medio De Tus Problemas – Reflexión


Es increíble como en ocasiones pasamos por periodos en donde todo nos va mal, pareciera que a veces estamos en rachados para que a nuestra vida vengan problemas tras problemas.
A veces no hemos terminado de salir de uno, cuando aparece otro y la verdad es que todo esto afecta fuertemente nuestro ánimo y aunque a veces queremos creer que las cosas van a mejorar, de pronto todo se nubla y pareciera que el sol jamás va a salir.
Cuando pienso en los problemas que vienen a nuestra vida y que a veces son tan seguidos, me viene a mi mente Job, ese hombre del cual Dios tenía un muy buen concepto, pero que sin embargo tuvo que pasar por grandes problemas que le llegaron uno tras otro en muy poco tiempo.
Job perdió en un solo día, sus bueyes y burros, sus ovejas y sus pastores, sus camellos y sus esclavos y una de las perdidas más dolorosas, mueren sus diez hijos de una sola vez.
Luego Job fue víctima de una enfermedad muy difícil, además de esto su mujer se puso en su contra al verlo tirado en su enfermedad, pero me impactan las palabras que Job respondió a su mujer en medio de todas las catástrofes que estaba experimentando: “Pero Job le respondió: —No digas tonterías. Si aceptamos todo lo bueno que Dios nos da, también debemos aceptar lo malo. Y a pesar de todo lo que le había sucedido, Job no pecó contra Dios diciendo algo malo” Job 2:10(Traducción en lenguaje actual).
Considero que si cada uno de nosotros tomara muy en serio las palabras de Job, pudiéramos observar la vida desde otro punto de vista, Job dijo: “Si aceptamos todo lo bueno que Dios nos da, también debemos aceptar lo malo” que sabias palabras de un hombre que esta pasando por uno de los mayores problemas que un ser humano puede experimentar.
¿Cómo enfrentamos nosotros nuestros problemas?, ¿Qué es lo primero que hacemos?, seamos sinceros, la mayoría de nosotros cuando nos enfrentamos a esos problemas de los que no quisiéramos enfrentar, lo primero que pensamos es: ¿Dónde está Dios?, ¿Por qué permite que esto pase?, ¿Por qué a mi, si yo te sirvo?, sin embargo Job decidió aceptar lo malo, así como también le gustaba aceptar lo bueno, WoW sin dudas Job era un hombre tal y como Dios lo había descrito:“Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Job 1:8 (Reina-Valera 1960).
Job siguió enfrentando muchos más problemas aparte de los que ya existían, perdió su buena reputación delante de los hombres, pero nunca delante de Dios. Sus mejores amigos se apartaron de él dejándolo solo en su momento de crisis. Pero me es motivo de ejemplo lo que Job contesta en medio de su momento de angustia: “Yo sé que mi Redentor vive…” Job 19:25a (Reina-Valera 1960). Creer en Dios a pesar de ver todo en contra, es uno de los ejemplos que Job nos dio.
¿Qué es lo que estas enfrentando en este momento?, ¿Es mayor que lo que Job experimento?, ¿Cómo estamos reaccionando frente a nuestros problemas?, ¿Los aceptamos?, ¿Renegamos contra Dios?, ¿Nos alejamos de Él?, ¿Cuál es nuestra reacción frente a los distintos problemas que se nos pueden presentar?
Hoy quiero invitarte a creer en el Señor a pesar que todo este en tu contra. Hoy quiero recordarte que tu FE no está puesta en algo material o humano, sino en el Señor Dios Todopoderoso que Gobierna sobre TODO.
No importa los problemas que en esta hora estés metido, tienes que seguir siendo fiel a Dios, buscarlo con todo tu corazón, pero sobre todo creer firmemente que Dios ha de salir a tu rescate, porque Él lo ha prometido.
Quizá hoy todo este nublado, pero pronto aparecerá el sol maravilloso de Dios alumbrando nuestro día y entonces nos daremos cuenta que valió la pena creerle a pesar de que todo estaba en contra, pues Dios recompensa a los que en Él creen a pesar de no ver en su momento una solución posible.
Dios recompenso esa fidelidad de Job en medio de sus problemas: “Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas, y tuvo siete hijos y tres hijas” Job 42:12-13 (Reina-Valera 1960).
Quizá estés a punto de perder mucho o todo, quizá en este momento en tu corazón haya una desesperación por ver como los problemas lejos de solucionarse aumentan, pero aun en medio de todo el panorama que este momento estés visualizando ¡CONFÍA!, sigue creyendo en que Dios obrara, no te enojes con Él, no le reclames por tu actual estado, simplemente sé FIEL y entonces Dios a su debido tiempo te recompensara al doble.
Cuando estés enfrentando crisis difíciles en tu vida, cuando los problemas se agraven y no encuentres una solución, solamente recuerda que tu vida está en las Manos de Dios y que Él siempre tendrá cuidado de ti, por esa razón no desmayes, no te alejes, sino confía en Él, porque Él hará.
¡Si Dios esta de tu lado, no hay nada que temer!


Fuente: Enrique Monterroza