miércoles, 20 de marzo de 2019

Anhele La Presencia De Dios | Joyce Meyer


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Deberíamos tener tanta hambre de la presencia de Dios que definitivamente no saldríamos de casa ni emprenderíamos ningún tipo de proyecto hasta haber pasado algún tiempo con Él.



Anhele la Presencia de Dios

Con mi alma te he deseado en la noche; y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte; porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia. Isaías 26:9

Si tenemos suficiente hambre, encontraremos algo para comer. Y si no podemos comer antes de salir de casa, iremos a un restaurante de comida rápida con servicio en el auto. O llamaremos a algún lugar que envíe comida a domicilio para que nos traiga algo de comer.

Si tenemos suficiente hambre de Dios encontraremos un camino hacia Su presencia. Deberíamos tener tanta hambre de la presencia de Dios que definitivamente no saldríamos de casa ni emprenderíamos ningún tipo de proyecto hasta haber pasado algún tiempo con Él.

Con mi alma te he deseado en la noche; y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte; porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia.

Siete Pasos Para Triunfar En Tu Día A Día.

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Triunfar en la vida nunca es fácil y mucho menos se triunfa de casualidad. La vida exitosa depende en gran parte de lo que vayas a poner en tu corazón. Por lo tanto tu futuro depende de lo que decidas.


Seis Pasos para Triunfar

1. Conoce a Dios. No un conocimiento histórico, sino personal. Conoce Sus caminos, Su voluntad y Su poder. Dios dice: “Pues por falta de conocimiento mi pueblo ha sido destruido.” (Oseas 4.6a). “Lo que pido de ustedes es amor y no sacrificios, conocimiento de Dios y no holocaustos.” (Oseas 6.6) Y Romanos 11.33 dice: “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios!”

2. Conócete a ti mismo. Tienes un origen sobrenatural con un propósito específico en la vida y un destino eterno. Aprende lo que Dios piensa y dice de ti. “Dios puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros.” Efesios 3.20

3. Mira con quién te juntas. Rodéate de personas de fe. “Quien con sabios anda, a pensar aprende; quien con tontos se junta, acaba en la ruina.” Proverbios 13.20 (TLA). Elije muy bien tus amistades.

4. Aprende a perdonar. “Cuando oren, perdonen todo lo malo que otra persona les haya hecho. Así, Dios, su Padre que está en el cielo, les perdonará a ustedes todos sus pecados.” (Marcos 11:25-26) “No juzguen, y no se les juzgará. No condenen, y no se les condenará. Perdonen, y se les perdonará”. (Lucas 6.37) “Sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.”(Efesios 4.32)

Les debemos perdón a quienes nos ofenden y nos hieren porque Dios nos perdonó a nosotros. Y si perdonar es un mandato de Dios entonces es algo posible de hacer.





No se trata de un sentimiento sino de una decisión. Es la decisión de no vengarse, decisión de no odiar, decisión de no cobrar. En una ocasión escuché una gran verdad: No perdonar es como tomarse un veneno y esperar que sea el otro quien se muera.

5. NUNCA te rindas. Lo que todavía no has logrado es porque no lo has intentado. Aprende de tus fracasos. Si has fallado significa que no funciona de esa manera y debes intentarlo de otra forma. El apóstol Pablo nos alienta así:“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”Filipenses 3.13-14

6. Cuida tu grandeza. Somos herederos en el reino de Dios. Las gallinas caminan con la cabeza hacia abajo, pero la Biblia habla de nosotros como águilas que remontan vuelo en las alturas: “pero los que confían en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán”. Isaías 40:31 (NVI)
No te olvides de dónde vienes, sólo así sabrás hacia dónde dirigir tu camino.

Fuente: www.sigueme.net

miércoles, 23 de enero de 2019

A dónde iré lejos de ti - Reflexión

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Señor, tú me conoces, sabes cuándo me siento o me levanto, tú conoces prescindiendo del tiempo y del espacio, lo que pienso.
Tú sabes si camino o si me acuesto. Tú conoces muy bien todos mis pasos. Aún no ha salido la palabra de mi boca y tú ya la conoces. Sin embargo, me abrazas y cuidas. Tu sabiduría es un misterio para mí, es tan grande que no puedo comprenderla.
 ¿Adónde iré para estar lejos de tu Espíritu, adónde huiré para escapar de tu presencia? Si subo a las alturas, allí estás, si bajo a los abismos, allí también estás. Si le pido las alas a la aurora para irme a la otra orilla del mar, también allí tu mano me protege y me sigue cuidando.
 Si quisiera que fuera de noche para esconderme en la oscuridad, de nada serviría, porque para ti no hay diferencia entre la oscuridad y la luz; si tú estás, hasta la noche brilla como la luz del sol.
 Tú, Señor, formaste mis entrañas, me formaste en el seno de mi madre. Te doy gracias por tantas maravillas, admirables son tus obras y yo lo sé muy bien. Mis huesos no escapaban de tu vista cuando yo era formado en el secreto. Tus ojos ya veían mis acciones, y ya estaban escritas en tu libro los días de mi vida, ya estaban trazados antes de que ni uno de ellos existiera.
 ¡Tus pensamientos, Dios, cuánto me superan, qué impresionante es ver su orden y acierto! Si me pongo a contarlos son más que la arena del mar. Me dormiría y al despertar tú seguirías a mi lado.


«Examíname, Dios mío, mira en lo más profundo de mi corazón, ponme a prueba y conoce mis pensamientos. Dime si voy por mal camino y enséñame a vivir como quieres que viva». Salmos 138:23, 24

Fuente: reflexionesparaelalma.net

lunes, 14 de enero de 2019

Cuatro Razones Para Dejar El Barco Y Caminar Sobre El Agua

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“PEDRO caminó sobre las aguas para ir a Jesús” (Mateo 14: 29b)
4 Razones para dejar el barco y caminar sobre el agua.
Hay muchas razones para bajar del barco, aquí hay 4 razones para aprender:


1) Su fe produce
2) ¿Es la alternativa para dejar de ser parte de la multitud
3) Es como el descubrimiento de su vocación
4) Pero hay una razón más importante. Escuche: “… Pedro caminó sobre las aguas para ir a Jesús” (Mateo 14:29).


Jesús no está en el barco … .es el agua! Hemos desarrollado un “aguas profundas de la fe” sólo cuando estamos dispuestos a dejar la comodidad, la seguridad y previsible, y cuando damos un paso en la fe con Él. Es posible que tenga trabajo durante años para crear una vida ordenada con una ilusión de control. Así que … .PUM! Dios te sacude pidiendo para dar un paso de fe y de hacer frente a la crisis, el miedo, la oportunidad y los grandes retos pendientes para que usted pueda dirigirlos solo. ¿Por qué? Así que aumentan su dependencia de Él!

 

Tal vez hubo un tiempo en el pasado cuando se corría el riesgo de compartir su fe, incluido cuando se motivo para enfrentar el desprecio, para dar, incluido cuando significaba sacrificio personal, para servir, aun cuando podría fallar. A veces se hundió, otros comenzaron a volar. Pero vivido “en el borde” por la fe! Sin embargo verlo ahora … en su barco cómodo, con sillas acolchadas y estabilizadores incluyen sin sentirse enfermo. De hecho, ni siquiera la tormenta cuando llegue!
Cada vez que salga de la seguridad de la embarcación, suceden dos cosas:
(1) Cuando fallar y fallar, usted no está solo. Jesús será medio metro de distancia de usted.
(2) De vez en cuando, para caminar sobre el agua … hará que la lucha parece insignificante.

Fuente. cristianas.com/Reflexiones

Cuánto Daño Hace No Perdonar – Reflexión


El tema del día era el resentimiento y el maestro nos había pedido que lleváramos papas y una bolsa de plástico. Ya en clase, elegimos una papa por cada persona que guardábamos resentimiento, escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas.
El ejercicio consistía en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa con papas. Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo, y el fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y cómo, mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado, desatendía cosas que eran más importantes para mí.
Este ejercicio fue una gran lección sobre el precio que pagaba a diario por mantener el resentimiento por algo que ya había pasado y no podía cambiarse. Me di cuenta que cuando le daba mucha importancia a las promesas no cumplidas me llenaba de resentimiento, aumentaba mi stress, no dormía bien y mi atención se dispersaba. Perdonar y dejarlas ir me llenó de paz y calma.
La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.
El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo. El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó. No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes. No significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.
Si guardamos odio, rencor, o resentimiento por ofensas que hemos recibido, estamos perpetuando nuestro malestar y consumiéndonos, dejando de disfrutar el momento. Cada vez que recordamos cualquier episodio que nos causa dolor, dejamos de vivir el aquí y el ahora; dejamos de avanzar en nuestro desarrollo personal y peor aún, nos estancamos en nuestro crecimiento espiritual.
La falta de perdón puede disfrazarse con diferentes máscaras. Las personas a veces dicen con un tono de enojo que ya han perdonado ofensas pasadas, pero su amargura evidente las delata. La falta de perdón se puede alojar en tu corazón, y estar allí, escondida. Las siguientes preguntas te ayudarán a examinar tu corazón para ver si necesitas perdonar a alguien:
¿Esperas secretamente que alguien reciba lo que se merece?
¿Todavía sigues hablando negativamente de esa persona a los demás?
¿Te complaces con fantasías de venganza, incluso leves?
¿Gastas tiempo pensando en lo que alguien te hizo?
¿Cómo te sientes cuando le sucede algo bueno a esa persona?
¿Has dejado de culpar a esa persona por la forma como afectó tu vida?
¿Te resulta difícil ser abierto y confiado con las personas?
¿Te enojas, te deprimes o te vuelves hostil con frecuencia?
¿Encuentras difícil o imposible pedir bendición a Dios para quién te ha
ofendido?

Siendo sinceros de corazón, podemos ejercitarnos en algunos pasos para lograr liberarnos de la carga que significa el rencor y liberar a la otra persona también.
Considera las circunstancias que pudo haber vivido la persona que te ofendió, para llegar a ser como es, o qué situación estaría viviendo para haber hecho lo que hizo, aun intencionalmente.
Considera qué parte jugaste, o qué pudiste haber hecho para propiciar el incidente.
Deja atrás el papel de víctima y continua con tu vida.
Recuerda las cosas positivas y buenas que te unieron a esa persona, los ratos buenos y bellos que pasaste con ella, los momentos de amor, apoyo, consejo y comprensión mutuos.
Pide al Señor que bendiga a esa persona, y que le muestre lo que hizo mal y se arrepienta.
Libera a la persona con tu perdón. Así vas a liberarte a ti mismo por vivir en el presente, en el aquí y el ahora.

“Si alguno ha causado tristeza, no me la ha causado sólo a mí; hasta cierto punto -y lo digo para no exagerar- se la ha causado a todos ustedes. Para él es suficiente el castigo que le impuso la mayoría. Más bien debieran perdonarlo y consolarlo para que no sea consumido por la excesiva tristeza. Por eso les ruego que reafirmen su amor hacia él. Con este propósito les escribí: para ver si pasan la prueba de la completa obediencia. A quien ustedes perdonen, yo también lo perdono. De hecho, si había algo que perdonar, lo he perdonado por consideración a ustedes en presencia de Cristo, para que Satanás no se aproveche de nosotros, pues no ignoramos sus artimañas” 2 Corintios 2: 5-11.

Fuente: Red-cristiana-blogspot.com