jueves, 11 de octubre de 2018

La Enfermedad Del Desánimo Y Cómo Controlarlo

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El asunto estaba claro, el paciente estaba muy mal!, el doctor dijo: “ya nada hay que hacer, no tiene fuerzas, no tiene ganas de vivir, no hay nada que hacer, está listo para morir…su fatal enfermedad: El desánimo.”

Te has sentido así últimamente?, desanimado porque no puedes salir de problemas, o porque no mejora tu situación, o bien ya no puedes cambiar tu realidad?

Pues te cuento que no has sido solo tu. Todos hemos vivido esa triste experiencia. El desámino carcome nuestros sueños, nuestros anhelos, y nuestras fuerzas. La “realidad” que nos rodea no siempre es la que deseamos, es más, cada día esperamos que cambie, para poder “vivir feliz”.

Pero cuál es la cura cuando “no sentimos nada”?; cuando el desánimo ha llenado nuestras venas y estamos a punto de morir?. Entre la soledad y la depresión, hemos vivido todos los días, y nuestra mente se ha alimentado de mentiras..que hacemos?, donde acudimos?… estamos muriendo en silencio!!…

“Cuando no hay nada más que hacer” escuchamos: “No temas, porque YO estoy contigo!, no desmayes, porque YO soy tu DIOS que te esfuerzo; SIEMPRE (no algunas veces o cuando Él quiera) te ayudaré, SIEMPRE te sustentaré con la diestra (derecha: que es Jesús) de mi Justicia”.

Recuerda todos los días: “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna. Pero los que esperan a Jehová, tendrán nuevas fuerzas (los que esperan solamente a Él, si esperas en otras cosas o personas, seguirás cansado y no verás esta promesa hecha realidad en tu vida); levantarán alas como águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán.”

Entonces: “Porqué voy a desanimarme y estar preocupado?, mi esperanza he puesto en Dios, a quien todavía seguiré alabando!, Él es mi Dios y mi Salvador.”

¿Cómo puedo controlar el desánimo?

Así dice el Señor: «Cuando a Babilonia se le hayan cumplido los setenta años, yo los visitaré; y haré honor a mi promesa en favor de ustedes, y los haré volver a este lugar.11 Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.” Jeremías 29:10-11 NVI

Jeremías 29:11 es el texto favorito de muchos, pero el contexto en el que se encuentra le da aún mayor significado si cabe.

Aparece en medio del mensaje del profeta. El pueblo de Israel iba a pasar un largo período de tiempo en el exilio (70 años), lejos de su hogar como resultado de la disciplina de Dios. Después de esto, Dios los haría regresar a su país. En otras palabras, Dios tenía un plan para el futuro.

Nuestra pecaminosidad demasiado a menudo nos lleva a lúgubres situaciones y sentimientos de desesperación. Pero debemos recordar que la desesperación no proviene de Dios. Dios es el Autor de la esperanza. Incluso el exilio, con su triste figura, era parte del plan de Dios a largo plazo. Y sus planes eran buenos.

Si estás enfrentando una situación de desesperación, puedes estar heredando los resultados de las decisiones o actos pecaminosos de otras personas. Puede que estés cosechando tus propias malas consecuencias. Puede que aún no hayas descubierto la esperanza que está fundada en el amor de Dios por ti a través de Jesús. Rechaza la desesperación y busca el plan de Dios, y sus esperanzas, para tu vida.

Fuente. sitiodeesperanza.com

Cuánto Daño Hace No Perdonar - Reflexión

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El tema del día era el resentimiento y el maestro nos había pedido que lleváramos papas y una bolsa de plástico. Ya en clase, elegimos una papa por cada persona que guardábamos resentimiento, escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas.

El ejercicio consistía en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa con papas. Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo, y el fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y cómo, mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado, desatendía cosas que eran más importantes para mí.

Este ejercicio fue una gran lección sobre el precio que pagaba a diario por mantener el resentimientopor algo que ya había pasado y no podía cambiarse. Me di cuenta que cuando le daba mucha importancia a las promesas no cumplidas me llenaba de resentimiento, aumentaba mi stress, no dormía bien y mi atención se dispersaba. Perdonar y dejarlas ir me llenó de paz y calma.

La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.

El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo. El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó. No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes. No significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.

Si guardamos odio, rencor, o resentimiento por ofensas que hemos recibido, estamos perpetuando nuestro malestar y consumiéndonos, dejando de disfrutar el momento. Cada vez que recordamos cualquier episodio que nos causa dolor, dejamos de vivir el aquí y el ahora; dejamos de avanzar en nuestro desarrollo personal y peor aún, nos estancamos en nuestro crecimiento espiritual.

La falta de perdón puede disfrazarse con diferentes máscaras. Las personas a veces dicen con un tono de enojo que ya han perdonado ofensas pasadas, pero su amargura evidente las delata. La falta de perdón se puede alojar en tu corazón, y estar allí, escondida. Las siguientes preguntas te ayudarán a examinar tu corazón para ver si necesitas perdonar a alguien:

¿Esperas secretamente que alguien reciba lo que se merece?
¿Todavía sigues hablando negativamente de esa persona a los demás?
¿Te complaces con fantasías de venganza, incluso leves?
¿Gastas tiempo pensando en lo que alguien te hizo?
¿Cómo te sientes cuando le sucede algo bueno a esa persona?
¿Has dejado de culpar a esa persona por la forma como afectó tu vida?
¿Te resulta difícil ser abierto y confiado con las personas?
¿Te enojas, te deprimes o te vuelves hostil con frecuencia?
¿Encuentras difícil o imposible pedir bendición a Dios para quién te ha
ofendido?

Siendo sinceros de corazón, podemos ejercitarnos en algunos pasos para lograr liberarnos de la carga que significa el rencor y liberar a la otra persona también.

Considera las circunstancias que pudo haber vivido la persona que te ofendió, para llegar a ser como es, o qué situación estaría viviendo para haber hecho lo que hizo, aun intencionalmente.
Considera qué parte jugaste, o qué pudiste haber hecho para propiciar el incidente.
Deja atrás el papel de víctima y continua con tu vida.
Recuerda las cosas positivas y buenas que te unieron a esa persona, los ratos buenos y bellos que pasaste con ella, los momentos de amor, apoyo, consejo y comprensión mutuos.
Pide al Señor que bendiga a esa persona, y que le muestre lo que hizo mal y se arrepienta.
Libera a la persona con tu perdón. Así vas a liberarte a ti mismo por vivir en el presente, en el aquí y el ahora.

"Si alguno ha causado tristeza, no me la ha causado sólo a mí; hasta cierto punto -y lo digo para no exagerar- se la ha causado a todos ustedes. Para él es suficiente el castigo que le impuso la mayoría. Más bien debieran perdonarlo y consolarlo para que no sea consumido por la excesiva tristeza. Por eso les ruego que reafirmen su amor hacia él. Con este propósito les escribí: para ver si pasan la prueba de la completa obediencia. A quien ustedes perdonen, yo también lo perdono. De hecho, si había algo que perdonar, lo he perdonado por consideración a ustedes en presencia de Cristo, para que Satanás no se aproveche de nosotros, pues no ignoramos sus artimañas" 2 Corintios 2: 5-11.



Fuente: sitiodeesperanza.com

martes, 21 de agosto de 2018

El Amor Puede Hacernos Bellas - Reflexión

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Dios ha puesto eternidad en el corazón de cada ser humano, pero por vivir en un mundo sujeto a limitaciones, experimentamos una discrepancia entre lo que tenemos y lo que queremos.


¿Qué hace bella a una mujer?


Todos conocemos a mujeres que han sido favorecidas con una piel suave y sedosa, y con ojos brillantes e inteligentes. Nos referimos a ellas como personas “bellas”.

Los adornos externos, como la ropa elegante y un peinado impecable, ciertamente contribuyen a su buena presencia. ¿O es su espíritu, ese magnetismo interior que comunica tranquilidad a las personas, lo que hace atractiva a una mujer?

Ya sea innata o superficial, la belleza es una fuerza poderosa. “Hay sólo dos cosas capaces de traspasar el corazón humano”, escribió Simone Weil. “Una es la belleza; la otra es el dolor”. En nuestro sofisticado mundo de hoy, las dos están invariablemente conectadas. El rejuvenecimiento quirúrgico de la piel, la liposucción o la estilización del cuerpo. 

Los humanos son la única especie que se inflige a sí misma dolor físico por la belleza. Aunque la mayoría de nosotras insista en que la belleza viene de adentro, nos deshacemos fácilmente de nuestro dinero para comprar remedios contra la vejez, blanqueadores dentales, o suplementos herbáceos que nos garanticen una cintura más pequeña. 

¿Cuál es la razón que nos lleva a buscar la belleza tan insaciablemente?

Dios ha puesto eternidad en el corazón de cada ser humano (Eclesiastés 3:11), pero por vivir en un mundo sujeto a limitaciones, experimentamos una discrepancia entre lo que tenemos y lo que queremos. Buscamos incesantemente a tientas el Edén perdido. 

En nuestro sufrimiento, muchas veces buscamos las cosas buenas que Dios nos ha dado, pero de una manera tan perjudicial que nuestra búsqueda de ellas, lo que hace es afligirnos. Sin la Palabra de Dios, que comunica la verdad a nuestras vidas, nos volveríamos esclavos de nuestros deseos.

Lamentablemente, la cultura en que vivimos se ocupa más del concepto que tenemos de la belleza, que lo que estamos dispuestos a admitir. Baños con arena volcánica, tratamientos faciales a base de pepinos, propaganda melosa en cuanto a proteínas de ginseng que queman la grasa y aumentan la capacidad cerebral, sabemos que estos artificios no funcionan, pero los consumimos más deprisa que el tiempo que les toma a los maestros de la publicidad inventarlos. 

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La seducción de la presión social para que nos conformemos a un patrón “universal” de belleza es tan poderosa, que puede parecer imposible resistirla. Vivimos en un mundo que cada vez más juzga a las personas por su apariencia exterior, pero tenemos que luchar contra eso. La pregunta es: ¿cómo?

Cristo vino a la tierra para redimirnos del sufrimiento de nuestro pecado, y solamente su amor es el antídoto contra el menoscabado concepto que tenemos de nuestro propio yo. Él nos ofrece una vía de regreso al Paraíso que perdimos. Pero el camino a la sanidad es a veces difícil y doloroso: para encontrar nuestra identidad en Cristo, tenemos que deshacernos de la identidad que tenemos ahora, para salvar nuestra vida, tenemos que perderla. 

La exhortación de Proverbios 6:25: “No codicies su hermosura en tu corazón, ni te prenda con sus ojos”, puede aplicarse también a los hombres. Cuando las mujeres se dejan cautivar por la búsqueda de la belleza, se vuelven también unas prisioneras. El deseo por la aceptación humana imita tanto a nuestro anhelo por Dios, que difícilmente podemos ver la diferencia. 

Recuerdo muy bien mi propia lucha en esta área. Después que me gradué de la universidad, fui a vivir con una comunidad de puritanos que me enseñaron cómo conducirme de acuerdo con la Palabra de Dios. Cuando conocí la mujer que estaba a cargo de mi dormitorio, me asombró saber que tenía hijos pequeños. 

Tenía un cabello canoso natural, peinado en forma de moño en la parte posterior de su cuello. Su pálido rostro no tenía maquillaje ni zarcillos. Por la forma tan humilde que vestía y por su aspecto, la consideraba una mujer mucho mayor de edad. Pero a medida que transcurría el tiempo, le fui tomando cariño. Su espíritu optimista era invencible, y su entusiasmo sin límites. A medida que se me desvanecía el frenético mundo del cual yo venía y mi percepción se hacía más aguda, comencé a detectar fervor en su sonrisa, confianza en su voz y misericordia en sus oraciones. 

Entonces comencé a pensar en ella como una de las mujeres más bellas que yo había conocido en toda mi vida, y poco a poco comencé también a verme a mí misma de esa manera.

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Usaba cosméticos cada vez menos, prescindí de la mayoría de mis joyas, y pensaba poco en mi aspecto físico. Una noche, antes de cenar, me vi en el espejo. Mi rostro se había vuelto sencillo y corriente. Sin la atención puesta en un peinado vistoso, pude ver la expresión de mis ojos. Me quedé ahí durante unos momentos más, dejando que la realidad del inagotable amor de Dios invadiera mi alma. Por primera vez en mi vida, me gustó el rostro que vi en el espejo. Y por primera vez di gracias a Dios por eso. 

Cuando le permitimos al Señor que arranque de una buena vez nuestra carnalidad para que podamos ver las cosas con sus ojos, el mundo se ve totalmente diferente. El ver la belleza como Dios la ve, nos libera de las expectativas fantasiosas y de la insatisfacción que hemos heredado de nuestra cultura. Primera de Pedro 3:3-4 dice: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”.

Proverbios 31:30 nos dice que “engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada”. “¿Has escuchado alguna vez gritar a tu corazón: ‘¿Crees que soy bella?’, pregunta Angela Thomas en su libro Do You Think I’m Beautiful? [¿Crees que soy bella?] El Rey es cautivado por nuestra belleza (Salmo 45:11). El Dios que regó las estrellas en los cielos... el mismo que formó las montañas y los valles con la palma de Su mano... el Dios cuyo simple aliento da vida... ese Dios, el Rey, siempre se ha sentido atraído por ti”. 

Según el doctor Elliot Feit, pediatra de Georgia, cualquier mujer puede ser bella. Para que una mujer físicamente atractiva sea bella, su interior debe armonizar con su exterior”, dice. “El ingrediente fundamental es la piedad, que se expresa siendo generosa, buena oyente, bondadosa y solícita”. Feit menciona que siempre consideró bella a su madre, aunque no la consideraba físicamente “bella”. Ella tenía una actitud muy positiva, con una sonrisa perpetua en su rostro y el corazón de una sierva.

Él tiene razón. Cualquier mujer puede ser bella. Cuando le pidieron que hiciera un comentario en cuanto a este punto, la actriz Audrey Hepburn, apreciada por el mundo por su encanto, dio el siguiente consejo: “Para tener labios atractivos, que diga palabras generosas. Para tener ojos hermosos, que trate de ver el bien en las personas. Para tener una figura delgada, comparta su comida con el hambriento. Para tener un porte sereno, camine con el conocimiento de que nunca caminará sola”.

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El comprender la gran verdad de que Dios está siempre con nosotras y que Él siempre nos ama, contribuirá más, a la transformación de una persona, que cualquier elixir que nuestro mundo pueda ofrecer. Primera de Juan 4:9, 10 nos enseña que “en esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”. 

Gracias a Su gran amor, Dios nos cubre de rectitud y nos adorna como a una novia. El profeta Isaías entendió de qué manera el amor de Dios puede elevar a un alma terrenal: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas” (Isaías 61:10). 

Hace poco le pregunté a una amiga en mi oficina qué es la belleza. Me dijo: “Mi madre solía decir siempre que el amor puede hacernos bellas”. De inmediato, pensé en la historia contada por un pastor un domingo por la mañana. Se trataba de una joven india mal parecida. En su cultura era costumbre que el novio diera una dote a la familia de la novia el día de la boda. Cinco vacas era una dote generosa; sin embargo, su familia esperaba mucho menos. Pero el día de las nupcias, su novio se presentó con diez vacas. Meses después, ella fue vista en el mercado muy segura de sí misma y con un rostro hermoso. Su joven prometido había entendido bien lo que una dote podía comprar. 

Este mismo principio está en acción en nuestra vida. Yo lo experimento cada día. El amor que recibo de mi esposo y mis hijos ha transformado mi vida. Llamadas telefónicas de aliento, deditos pegajosos en mi cabello, besos en mis mejillas, abrazos inesperados, todas estas son las cosas que determinan mi semblante. Y doy gracias a Dios por ellas. Cada vez que volvemos nuestro rostro al cielo y recibimos la inagotable bendición de amor de parte de Dios, Su amor brilla en nuestras vidas. Si eso no es belleza, ¿entonces, qué es? 

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Hay Tres Formas De Trabajar De Manera Inteligente

Mujer trabajando en un ordenador

Hay quienes creen que lo que más importa al momento de trabajar, es la intensidad con la que lo haces y las horas que emplean en ello. Normalmente quienes son más adictos al trabajo son los que suelen decirlo, sin darse cuenta de todas las cosas de las que están dejando de disfrutar por estar encerrados en una oficina. La verdad es que un trabajo bien hecho no es aquel que se lleva más tiempo o sacrificio, sino el que se lleva a cabo inteligentemente, dejándote gozar de otras áreas de tu vida. Hoy tengo tres estrategias que te ayudarán a organizarte mejor.

1.    Emplea secciones pequeñas de tiempo con descansos diminutos. Es muy efectivo para desestresarte y mantenerte motivado en tus tareas. En lugar de trabajar por horas completas seguidas, puedes hacerlo en plazos de 20 o 30 minutos, descansando de 5 a 10 minutos entre cada uno de ellos. Esto es algo bueno para tu concentración y para prevenir el estrés.
2.    Haz a un lado el ruido y las distracciones. Hay quienes trabajan mejor con música de fondo, pero lo mejor es que está sea ambiental o relajante, y no precisamente tu canción favorita, porque podrías prestarle más atención a esta que a lo que estás haciendo. También conviene que te desconectes por completo de las redes sociales y otras cosas que te puedan distraer.

3.    Aprende a poner en orden tus prioridades. Cuando tenemos deberes por hacer, no siempre reflexionamos en los que son más necesarios. Divide tus tareas y comienza por hacer aquellas que te traigan mejores resultados, aunque sean menos laboriosas comparadas con las demás. Este es un tip que se deriva del “Principio de Pareto”, el cual nos indica que el 80% de los resultados de un trabajo provienen de un 20% de lo que hacemos.

Como Sentirte Satisfecho Con Tu Trabajo

trabajo

No hay nada como sentirte realmente feliz con lo que haces y contar con un trabajo que te guste. La verdad es, que si todas las personas fueran felices en sus labores, nadie se quejaría por tener que trabajar o porque les faltan vacaciones. Obtener satisfacción con el papel que desempeñas no solo es ideal para dar el 100%, sino también para darle un sentido a tu vida. Por eso, personalmente te recomiendo que pongas las siguientes cosas en practica y verás como es más sencillo lograrlo.

·         Cuida tu lugar de trabajo. El sitio en donde trabajas debe hacerte sentir a gusto ¿y por qué no? Reflejar tu personalidad. No debería ser un espacio restrictivo y al que te sientas atado por cierta cantidad de horas. Anímate a agregar detalles sutiles que te hagan valorarlo, como un poco de naturaleza o decoración.
·         Recuerda porque estás allí. Hay una o varias personas que necesitan que cumplas con una función, aunque no lo digan en voz alta o rara vez aprecien lo que haces. Tú estás principalmente para hacer que las cosas funcionen como se espera y eres más necesario de lo que te imaginas. Solo por eso, vale la pena seguir esforzándote.
·         Convive con tus compañeros. Una de las cosas que hace el trabajo más llevadero es mantener una buena relación con tus colegas. Es increíble cuando te das cuenta de que muchas personas saben muy poco acerca de sus compañeros de trabajo, o incluso nada, a pesar del tiempo que llevan trabajando juntos.

·         Planifica tus actividades. Comienza por las más fáciles y delega las más complicadas para ahorrar tiempo en tu jornada, y acostumbra anotar todos tus pendientes. De esta manera, poco a poco te irás motivando al ver como vas terminando con todo lo que tienes que hacer e incluso aprovecharás más el día.
Fuente: feliciteca.com